181 – Final: Las alas del amor.
Tras la derrota de Medeus, las oscuras sombras de Doluna desaparecieron de la tierra para dejar paso a la luz. El imperio había caído y la guerra había terminado. Una vez más, la paz reinaba en Akaneia.
Pero antes de ello, los últimos momentos de la historia de Marth merecen ser igualmente relatados…
- Shiida: Marth, lo has conseguido. Al fin todo ha terminado.
- Marth: He esperado mucho este momento. Pero, a decir verdad, ahora no sé qué es lo que debo hacer…
- Shiida: Marth… Lo cierto es que no hemos hablado mucho desde que dejamos Talys y… no sé a dónde tienes pensado ir ahora.
- Marth: A Altea, por supuesto. La guerra ha dejado las tierras de mi pueblo en ruinas y debo regresar para ayudar en su reconstrucción. No tengo tiempo que perder.
- Shiida: Oh, vaya… Entonces eso significa que ya no volverás a Talys…
- Marth: Claro que sí, Shiida. Tengo que darle las gracias a tu padre por todo lo que hizo por mí y para decirle que la guerra ha terminado.
- Shiida: ¿Mi padre?... Marth, no se trata de mi padre, sino de… Bah, no importa. Ahora, si me disculpas…
- Nyna: Marth, ¿ha ocurrido algo? Acabo de cruzarme con Shiida y parecía muy triste…
- Marth: ¿Eh? Bueno, estábamos hablando y entonces me preguntó adónde…
- Nyna: ¡Ja, ja, ja! Ay, Marth… ¿Cómo puede un hombre ser capaz de vencer al Dragón de las Sombras tener miedo a afrontar sus propios sentimientos?
- Marth: ¿Eh? ¿Pero cómo que…? Nyna, no sé de qué me hablas.
- Nyna: ¿De verdad quieres dejar que Shiida parta hacia Talys mientras tú vuelves solo a Altea? ¿Estás seguro?
- Marth: Ese es nuestro deber como príncipes, ¿no es cierto? Lo que yo desee no importa.
- Nyna: Entonces, en tu opinión, a los príncipes no está prohibido tener sentimientos… Marth, escúchame. Si de verdad tienes algo que decirle a Shiida, este es el momento. A veces el amor no habla por sí solo y uno no tiene más remedio que darle alas y expresarlo con palabras. Marth, espero que un gran líder como tú posea el coraje necesario para ello.
- Marth: (…)
- Marth: Disculpa, Shiida… Esto…¿Tienes un momento?
- Shiida: (?) Eh… Claro que sí, Marth.
- Marth: Es que antes… digamos que no me supe expresar bien. Cuando dije que volvería a Altea, yo… en fin, me refería a que… esperaba a vinieras conmigo…
- Shiida: (!)
- Marth: Como bien dijiste, lo cierto es que no hemos hablado mucho desde que dejamos Talys… pero es que contigo siempre he creído que sobraban las palabras. Cuando la batalla se complicaba, tú siempre estabas ahí, cerca de mí… Yo te veía a mi lado, tan guap… o sea, tan valiente… Y yo, esto… ¡podía sentirlo! Sí, podía sentir que me dabas fuerzas. Oh, por qué es tan difícil de decir que yo…
- Shiida: ¡Sssh! No hables, Marth. Yo también te…
Así es como concluye la historia de la Falchion, la espada divina; de Marth, su portador; y de su batalla contra el Dragón de las Sombras. Tal odisea quedará aquí grabada por los siglos de los siglos para que jamás nadie pueda olvidarla.
182 – Final: La maldición de Artemis.
Tras la derrota de Medeus, las oscuras sombras de Doluna desaparecieron de la tierra para dejar paso a la luz. El imperio había caído y la guerra había terminado. Una vez más, la paz reinaba en Akaneia.
Pero antes de ello, los últimos momentos de la historia de Marth merecen ser igualmente relatados…
- Nyna: Bien hecho, Marth. La guerra por fin ha terminado. Has salvado a nuestro mundo.
- Marth: Pero no he sido solo yo. Muchos lucharon a mi lado… y muchos también murieron…
- Nyna: Shiida fue una de esos muchos que sacrificaron su vida. Marth…, la querías, ¿verdad?
- Marth: Shiida era la persona a quien más quería proteger… Pero he fallado, y ahora la he perdido para siempre. Ella puso mucho más empeño en defender mi vida que la suya propia. Shiida… ¿Por qué arriesgaste tu vida luchando al lado de un inepto como yo?
- Nyna: Marth, no debes culparte. ¿Recuerdas la historia de Anri y Artemis? Nosotros somos sus descendientes, y puede que debamos compartir también su maldición al igual que su sangre. Quizás… quizás es el precio que tuvimos que pagar para derrotar al Dragón de las Sombras. Marth, ahora debemos trabajar juntos para que nadie vuelva a sufrir una tragedia como la nuestra.
Así es como concluye la historia de la Falchion, la espada divina; de Marth, su portador; y de su batalla contra el Dragón de las Sombras. Tal odisea quedará aquí grabada por los siglos de los siglos para que jamás nadie pueda olvidarla.