Seth / Franz

[Apoyo C]
- Franz: ¡General!
- Seth: ¿Qué tal lo llevas, Franz?
- Franz: Bien. Puede que sea joven, pero no dejo de ser un caballero de Renais. Lucharé hasta el final para proteger a la princesa. ¡Igual que tú, señor!
- Seth: Bien, bien. Me alegra oír eso. Has mejorado mucho desde que empezó todo esto, ¿sabes?
- Franz: ¿De verdad lo crees, general?
- Seth: Sin duda. Pareces más seguro de ti mismo. No hay rastro de miedo en tu rostro. Cuando tengas mi edad, serás el mejor espadachín y lancero del reino.
- Franz: ¿De verdad piensas eso?
- Seth: De verdad. Pero ahora hay que luchar, Franz. Concéntrate en tus enemigos y no seas temerario.
- Franz: ¡Sí, señor! ¡No te fallaré, general!
- Seth: No te arriesgues demasiado. Ya conoces tus límites.
- Franz: ¡Sí, señor!


[Apoyo B]
- Franz: ¡General!
- Seth: Franz, cada vez que te veo has mejorado un poco más. Tus movimientos no son muy fluidos todavía, pero eres bueno.
- Franz: ¿Lo dices en serio?
- Seth: Cada vez que elogio algo de ti me preguntas eso.
- Franz: Lo siento... Gracias por el cumplido, general. Es que tú eres el general Seth, el Caballero Argénteo. Siempre has sido mi ídolo.
- Seth: Ja, ja, ja... No me digas esto, Franz.
- Franz: ¡Pero si es verdad! ¿Recuerdas cuando las fuerzas de Grado tomaron el castillo de Renais? A pesar de tus heridas, te enfrentaste al enemigo y conseguiste escapar. Acompañaste a la princesa hasta Frelia tú solo. Si hubiese estado en tu lugar, no habría sobrevivido... Eres la única persona que conozco capaz de realizar hazañas así.
- Seth: ¡Eh, me estás presionando demasiado! ¿Qué pasará ahora si fallo? Perderías tu fe en mí. Franz, todavía eres muy joven. Pronto serás un gran guerrero. Estoy seguro de eso. Confía en ti mismo. Cuento contigo. Sigue así.
- Franz: ¿De verdad? ¿Me hablas en serio, general?
- Seth: Franz... Basta.
- Franz: Ah, sí. Perdón, señor.
- Seth: ¡Venga, de vuelta al campo de batalla! ¡Adelante, Franz!
- Franz: ¡Sí, mi general! ¡Te cubro la espalda!


[Apoyo A]
- Seth: Lo estamos haciendo bien, Franz.
- Franz: ¡General Seth! ¿Cómo estás, señor? Es un honor que vengas a hablar conmigo.
- Seth: Tranquilízate, Franz. No deberías ponerte tan nervioso... En realidad, el honor es mío.
- Franz: ¿Cómo? ¿Qué quieres decir, señor?
- Seth: Cuando era un recluta admiraba a uno de los caballeros por encima de todo. Su destreza con la lanza y la espada era legendaria. No había nadie igual. Podías aprender el sentido de ser caballero viendo cómo él servía al rey. Hace diez años, un asesino buscado se escondía en Renais. El caballero salió en su busca sin que nadie lo supiera para no llamar la atención. Lo encontró y consiguió matarlo, pero resultó herido de muerte...
- Franz: ¿Hace diez años? Pero si... No, no puede ser...
- Seth: Sí, Franz. El mejor caballero de la historia de Renais fue tu padre.
- Franz: Yo era muy pequeño cuando murió mi padre. Mi madre murió antes que él. Forde y yo siempre hemos estado solos. Recuerdo todo lo que lloré cuando desapareció mi padre. Forde siempre me decía: «Está sirviendo a Renais, protegiendo al pueblo». Forde estaba muy orgulloso de él, pero también estaba triste. Recuerdo una enorme cicatriz de su hombro; se la hizo durante un combate. Mi hermano y yo solíamos subirnos a sus espaldas para que nos llevase. Siempre oímos que era un gran caballero. Yo solo recuerdo su hombro marcado.
- Seth: Es probable que no te lo hayan dicho nunca, pero te pareces muchísimo a él. Tu esgrima, tu forma de blandir la lanza, tu amor por Renais... Está claro que has heredado parte del alma de tu padre. Para mí es un honor volver a ver la destreza que tanto admiré.
- Franz: Yo... Gracias. Muchas gracias, general Seth. Algún día seré mejor que mi hermano y que mi padre. ¡Ahora lucharé para restaurar Renais, que es mi país!
- Seth: Muy bien, Franz. Hagamos lo único que sabemos hacer. Por Renais, y por tu padre.
- Franz: ¡Sí, mi general!

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