Ike/Soren
[Apoyo C]
- Soren: Estos son nuestros gastos. Las provisiones escasean. Necesitamos carne, fruta… Ike, ¿me oyes?
- Ike: ¿Eh? Perdona. No te estaba atendiendo.
- Soren: No me digas…
- Ike: Lo siento, Soren. ¿Podrías repetirme el informe?
- Soren: Estás agotado, Ike. Necesitas descansar. Búscate un rincón tranquilo.
- Ike: ¿Tanto se me nota?
- Soren: Por supuesto. Cuando te encuentras mal, te tiembla el ojo izquierdo.
- Ike: Qué raro. Nunca me había percatado.
- Soren: Descansa. Yo me haré cargo de todo.
- Ike: La verdad es que me siento como si me hubieran dado una paliza.
- Soren: Vete ya.
- Ike: Soren… tienes mala fama, pero es inmerecida. En el fondo eres un buenazo.
- Soren: ¿Cómo dices?
- Ike: Nada, nada. Me marcho.
- Soren: Hmmm. Cuidado con los chinches.
[Apoyo B]
- Soren: …
- Ike: ¿Tienes un momento, Soren?
- Soren: ¿Qué quieres, Ike?
- Ike: ¿Qué te ocurre? Llevas unos días bastante huraño. ¿Te sucede algo?
- Soren: Eh… bueno…
- Ike: Dime.
- Soren: No es nada… ¿Nunca te has preguntado quién eres? ¿Cómo sería tu familia? ¿De dónde vienes?
- Ike: Pues… No, creo que no te sigo. Tuve un padre y una madre. De ella no me acuerdo mucho, pero tampoco tengo queja.
- Soren: Debe de ser… fantástico tener unos padres que te quieran. Hace falta gente para experimentar la niñez. Modelos para forjarse una personalidad. Sin adultos que lo reafirmen, un niño no sabe que camino tomar. Pierde su identidad.
- Ike: ¿No tienes recuerdos de tus padres?
- Soren: No. La mujer que me crió no me dio a luz. Y tampoco me tenía demasiado aprecio. Todavía recuerdo cómo solía repetir entre quejas: “¿Por qué yo?”, “No es justo” o “No te acerques, mocoso.” Ni una muestra de afecto. Me acogió por sentido del deber, pero se arrepintió.
- Ike: …
- Soren: Cuando tenía cuatro años, un mago que vivía cerca se ofreció para darme una educación. Decía que yo tenía talento. Recuerdo aquel día como si fuera ayer. A mi tutora le faltó tiempo para confiarme a aquel viejo. De hecho, parecía delirar de alegría. Sonreía como una enajenada… El mago le pagó como compensación. Un gasto innecesario.
- Ike: Soren… no tenía ni la más remota idea.
- Soren: El mago era viejo, sabía que pronto llegaría su hora. Su único afán era transmitir todo su saber a su aprendiz. Como el tiempo escaseaba, me sometió a un entrenamiento muy riguroso de sol a sol. No me quedaba ni un minuto para mí mismo. Pero, con todo, era la mejor vida que había conocido.
Cuando el mago murió, hace dos años… había adquirido mucho poder mágico. Tal vez demasiado para un niño. En cuanto se agotó la despensa del mago, me marché de casa y caminé durante días en busca de ayuda. Al encontrarme con la civilización, descubrí algo terrible… No sabía hablar. Ni una palabra.
- Ike: Soren…
- Soren: Podía leer y escribir mejor que la mayoría de los aldeanos. Y los entendía. Simplemente no podía hablar. Era algo inexplicable.
La mujer que me cuidó y el mago sólo me daban órdenes. Y de malas maneras, casi siempre. No admitían contestaciones.
- Ike: ¡Soren!
- Soren: ¿Eh? Ah… Discúlpame. No sé porque te cuento estas tonterías.
- Ike: ¡No son tonterías! ¡Es algo horrible! ¡Es lo peor que he escuchado jamás! ¿Dónde ocurrió? ¿Fue en Begnion?
- Soren: No… Pero aún no he acabado. Lo que te he contado es sólo el recuerdo de mis padres…
No, es suficiente. Lo siento. Discúlpame.
- Ike: Espera. Soren. ¡Soren! ¡Maldición!
[Apoyo A]
- Ike: Hola, Soren.
- Soren: …
- Ike: He estado pensando en lo que me contaste el otro día. Hay algo que no comprendo. Sobreviviste. Eres fuerte. ¿Por qué te ibas a sentir inseguro de ti mismo? Dime. Cuéntamelo todo.
- Soren: ¡Maldito seas! ¿¡Por qué no me dejas en paz!? ¡No tengo amigos, Ike! ¡No tengo a nadie más! Si te lo contara y me dieras la espalda… No… No sobreviviría.
- Ike: Por eso debes contármelo, Soren. No se lo dirás nunca a nadie. Y si no lo haces, seguirás sufriendo. ¡Mírate! ¡Estás hecho un desastre! Vamos. Dímelo.
- Soren: Ike… No… No…
- Ike: Soren, soy yo. Confía en mí. No me importa quiénes fueran tus padres. No te abandonaré.
- Soren: Ike… Snif… No puedo… Snif… Ike… Soy un… estigmatizado. Soy uno de los estigmatizados.
- Ike: ¿Un estigmatizado? ¿Qué es eso?
- Soren: Son los hijos de beorc y laguz. Esa unión prohibida conculca todas las enseñanzas de la diosa. Estamos excluidos de la sociedad. Somos parias. Abominaciones condenadas a sufrir el odio y el rechazo de nuestras dos razas.
- Ike: Espera, espera. Un segundo. A ver si nos entendemos… ¿Eres mitad laguz?
- Soren: Sí. La marca de la frente es la prueba. Lo descubrí mientras investigaba en la Catedral de Mainal. Siempre había pensado que era una marca de nacimiento. Otros pensaban que era el signo de un espíritu infuso.
- Ike: ¿Qué es eso?
- Soren: La magia nace de la comunicación con los espíritus. Si permites que uno posea tu cuerpo… te concederá un enorme poder. A cambio de un precio. El viejo mago se confundió conmigo. Creyó haber dado con un privilegiado, pero resulté ser un sucio estigmatizado.
- Ike: Muy bien. ¿Y?
- Soren: ¿Cómo qué “¿Y?”?
- Ike: Tienes sangre laguz en las venas. Tienes una marca que lo confirma. ¿Dónde está el problema?
- Soren: ¿Qué dónde está el problema? ¿¡No te parezco repugnante!? Trabajo contigo, como contigo… ¡No soy nada! ¡No tengo pasado ni futuro! ¿No te resulto humillante?
- Ike: No. Sigues siendo tú. Sigues siendo Soren. Eres un buen oficial de este ejército. Y un buen amigo. No podríamos continuar sin tu ayuda.
- Soren: Ike… Pensaba que… Creía…
- Ike: ¿Qué?
- Soren: Fue en Gallia. El mago vivía en Gallia. Había un asentamiento beorc cerca y…
- Ike: ¿Gallia? ¿Quieres decir que…?
- Soren: Cuando el mago murió, nadie me quiso socorrer. No podía hablar. No tenía comida. Me estaba muriendo. Tú fuiste el único que me ayudó. Tú y tu padre. Por eso eres mi amigo. Mi… único amigo.