Ike/Ranulf
[Apoyo C]
- Ranulf: Hola, Ike. ¿No es un poco tarde para entrenar?
- Ike: Hoy no he tenido otro momento. Trato de practicar con la espada todos los días, aunque solo sea un rato. Me ayuda a concentrarme y además me calma. La práctica hace al maestro. ¡Yiaaaaa! ¡Kya!
- Ranulf: Ah. O sea que tu fuerza no sólo viene de tu linaje. También influye lo persistente que eres. No me extraña que cada vez que te veo me parezcas más poderoso...
- Ike: ¡Hmpf! Uno, uno... ¡Kia!
- Ranulf: Bueno, no te molesto más. Hasta lue...
- Ike: Espera. ¿Qué querías? Supongo que habrás venido a decirme algo.
- Ranulf: En realidad, no.. Sólo venía a hacerte compañía... Por mucho que te digamos que te tomes las cosas con cala, no dejas de trabajar. Pensé que a lo mejor hacías un descanso si venía a charlar contigo, pero... ya veo que estás un poco loco. Me marcho.
- Ike: ¿Crees que estoy loco? ¿Por qué?
- Ranulf: A ver... Un poco loco si que estás. Nunca había trabajado para un jefe que fuera tan directo y claro. Sorprende un comandante a quien no le importa lo que piensen los demás, por poderosos que sean.
- Ike: Bueno, es mi estilo. No tengo que imitar a nadie, ¿no?
- Ranulf: ¿Por qué tienes tanta confianza? No lo entiendo. Los beorcs normales hacen lo que les ordenan sin rechistar, pero tú no. ¡Incluso le gritaste a la apóstol!
- Ike: Sí, pero no estoy orgulloso de ello.
- Ranulf: Pero bueno, tampoco es normal que un laguz se preocupe por un beorc. Creo que soy un bicho raro... Alto. ¿Me he llamado “bicho”?
- Ike: ¿Eh? ¡Ja, ja! Pasas demasiado tiempo con beorcs. Hablas como ellos. ¡Ja, ja, ja!
- Ranulf: ¡Te has reído! Eso es bueno. Para empezar, no está mal.
- Ike: Vale, vale. Me tomaré un descanso. Eh… ¿Y qué hago? ¿Tengo que dar un paseo o me quedo aquí?
- Ranulf: ¿Aceptas? Qué extraño... No sé por qué, pero me da que aquí hay gato encerrado. ¡Ja, ja, ja!
[Apoyo B]
- Ike: Hola, Ranulf.
- Ranulf: ¿Mmm? Ah, hola, Ike. ¿Qué tal?
- Ike: ¿Estás... entrenándote?
- Ranulf: ¡Sí! ¡Me encanta entrenar! No me gustaría que el general Ike pensara mal de mí.
- Ike: Me parece bien.
- Ranulf: En realidad no es cierto. No me gustan nada los entrenamientos. Además, practicar a dos patas sería inútil para un laguz.
- Ike: ¿Qué haces, pues? Te estabas estirando.
- Ranulf: Sí, nada más. Me quedo más a gusto.
- Ike: Ya. Esperaba que fuera una técnica laguz desconocida para mí.
- Ranulf: Siento defraudarte, pero tú y yo no somos tan diferentes si no cambio de forma. A la vista está.
- Ike: Sí. Sólo me falta una cola.
- Ranulf: ¡Eh! ¡Una cola siempre es útil! Gracias a ella mantenemos el equilibrio en sitios elevados. Me compadezco de los beorc. ¿Qué haría yo sin cola?
- Ike: ¿No te molesta para dormir?
- Ranulf: ¡Todo lo contrario! Hay un truco.
- Ike: ¿Qué truco?
- Ranulf: Je, buen intento. Pero no voy a picar.
- Ike: ¿Cómo? Sólo te he hecho una pregunta.
- Ranulf: Ya, pero es que se trata de un secreto de toda la especie laguz. No puedo ir pregonándolo al primer beorc que veo.
- Ike: Ah, bien. Tampoco me corroe la curiosidad.
- Ranulf: ¿Qué? ¡Venga ya! Tienes que insistir más, hombre. Es muy interesante, te lo garantizo.
[Apoyo A]
- Ranulf: (...)
- Ike: ¿Qué te ocurre, Ranulf?
- Ranulf: ¡Aaah! Uf, eres tú, Ike... Casi me matas del susto.
- Ike: ¿Estás bien? Te noto tenso últimamente.
- Ranulf: Cuanto más nos acercamos a la capital, más me preocupo por el rey de Daein. Supongo que será más bien el medallón que el hombre en sí. En cualquier caso, toda esta energía negativa me pone los pelos de punta. No me puedo concentrar...
- Ike: Me asombra lo sensibles que sois los laguz para esas cosas.
- Ranulf: ¡Y a mí que los beorc ni os inmutéis! ¿Cómo hacéis para mantener la calma en esta situación?
- Ike: ¿Quieres que me vaya?
- Ranulf: Sí, si no te importa. No, espera, Ike. Un momento. Quédate. Me tranquilizaré. Dame un segundo. ¡Miauuuuu!
- Ike: ¿Mejor?
- Ranulf: Sí. Estoy bien. Pero no me puedo creer que haya permitido a un beorc verme así. Es algo que no podré olvidar nunca.
- Ike: ¿Qué quieres decir, Ranulf? ¿Es que no te fías de mí?
- Ranulf: No, claro que sí. Pero... no del todo. Mira, me fío de tí como de cualquier otro beorc, pero... Bueno, los laguz son mis hermanos. ¡Es distinto!
- Ike: Yo me fío de ti.
- Ranulf: Y lo dices todo serio, además. ¿Sabes qué? Eres...
- Ike: ¿Qué soy?
- Ranulf: Tonto.
- Ike: ¡¿Qué?!
- Ranulf: Si te sigues fiando de todo el mundo, acabarás mal. ¡Acuérdate bien!
- Ike: ¡Eh! ¡Espera! ¡Ranulf! Por todos... ¿Eso era un consejo o una amenaza?